Diez consejos para que los niños vuelvan felices al Colegio

 
1. Recuerde: se educa con el ejemplo. Así que muéstrese optimista en su vuelta al trabajo. La vuelta al colegio se produce, en la mayor parte de los casos, de forma más o menos paralela, al retorno a las obligaciones profesionales. El modo que afrontemos éstas va a incidir indudablemente en la manera en que el niño afronte el regreso a su propia rutina. Si vivimos este retorno de forma angustiosa, transmitiendo pesimismo y negatividad, difícilmente lograremos que el niño vea de forma positiva la vuelta a su particular oficina. En cambio, si nos mostramos positivos e ilusionados con el retorno al trabajo y a la normalidad, haciendo hincapié en los aspectos positivos de la vuelta, ellos harán lo propio. También en esto se educa con el ejemplo.
2. Introduzca el Colegio en sus conversaciones, escogiendo temas o aspectos que sepa que le ilusionan. Como en su propia vida. Si su mente se dirige recurrentemente a los temas que le producen aburrimiento o desmotivación, vivirá desilusionado. Si se concentra en lo que le motiva, el día a día será mucho más agradable. Por eso, una forma estimulante de afrontar la vuelta al colegio es propiciar que los niños se centren en los aspectos que más ilusión pueden hacerles. Si la atención de la vuelta al cole la centramos en que hay que levantarse tres horas antes o que hay que dedicar un tiempo a estudiar y hacer las tareas, difícilmente vamos a lograr motivarlos. Si les hablamos de las actividades extralectivas que les ilusionan, de todo lo que avanzaron durante el curso pasado, y de los momentos que le produjeron satisfacción, o de lo que van a lograr aprender en este curso o que van a poder llegar a hacer por sí solos, lograremos que vean el retorno al Colegio de una forma más positiva.
3. Hábleles de sus amigos. Y entre los temas que  les ilusionan, el primero de ellos suele ser el de sus amigos. Hablar del reencuentro con estos compañeros, de episodios del pasado o de actividades futuras con ellos, de cómo estarán y qué habrán hecho durante el verano,  es un modo de introducirlos de forma muy positiva en el entorno escolar.
4. Invítelos a que se marquen sus propios retos. No estamos hablando solo (ni siquiera fundamentalmente) de rendimiento académico y notas. Estamos hablando de cómo se ven a sí mismos ellos como personas y cómo se gustarían verse. Estamos hablando de que se marquen retos para hacerse mejores y más autónomos. Retos intelectuales, por supuesto, pero más que de capacidades de aplicación de esas capacidades y de saber hacer. Retos también relacionados con los valores y también con la vida en comunidad. Y si los ponen por escrito, mejor que mejor.
5. Y a que sean consecuentes con ellos. Invítelos a que se marquen el camino para alcanzar esos retos. Y ayúdenlos también, mostrándoles las posibilidades que existen y dándoles su opinión sobre las actividades que  pueden favorecerles ese crecimiento y desarrollo deseado por ellos mismos. 
6. Ayúdelos a disipar sus temores. Empezando por oírlos y dejar que los expresen, sin ni siquiera darnos la oportunidad de pensar (no ya de decir) que son tonterías. Porque por tontas que puedan parecernos a la luz de nuestra  experiencia, para ellos no lo son, así que ojo con ridiculizarlas o despacharlas frívolamente. Es mucho mejor escuchar y dar argumentos para que ellos mismos se convenzan a sí mismos.
7. Cuénteles su propia experiencia. ¿Qué hizo usted cuando estaba en Cuarto de EGB?¿Cómo fue ese curso de Séptimo? ¿Qué recuerdos tienes? ¿A quién conoció? ¿Cómo fueron sus profesores? ¿Qué asignatura se les hizo más hueso? ¿Qué anécdota divertida le sucedió? A ellos les encantará que les cuente sus batallitas, sobre todo cuando son pequeños. Y sobre todo les encantará ver que recuerda esos tiempos con cariño, y que usted también tuvo problemas y temores, y no pasó nada.
8. Sentido del humor. No hay nada más persuasivo ni más seductor que una sonrisa.  Pero, ojo, no se rían de ellos, ríase con ellos. Y ríanse, sobre todo a partir de su propia experiencia. Si el recuerdo de la actividad escolar genera sonrisas, los niños llegarán sonrientes al Colegio.
9. Subraye los placeres de la vuelta a la rutina. Y hágalo delante de ellos, así se hará un bien a sí mismo y a sus hijos. Su cama, su ducha, el café de la mañana, los periódicos del día, la televisión, el sofá, las noches (un poco) más fresquitas, sus series de la tele… No deje de subrayar los placeres que le ocasiona el regreso a normalidad después de las vacaciones. Si ustedes lo hacen, ellos también lo harán.
10. La vida no son las vacaciones (ni los fines de semana). Si preparamos a nuestros hijos para ser felices (sólo) en las vacaciones, o en los fines de semana, serán infelices o, en el mejor de los casos, se perderán la posibilidad de ser felices durante la mayor parte de sus vidas. La vida son los domingos, y los meses de julio y agosto, pero también los lunes y los jueves, y los meses de febrero y marzo, y por tanto hay que enseñar a nuestros hijos (nuevamente con el ejemplo) de que cada día que vivimos es el mejor, porque es el que estamos viviendo.

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